La lactosa es un azúcar disacárido natural que al hidrolizarse se convierte en dos monosacáridos, glucosa y galactosa. Es el azúcar predominante en la leche de los mamíferos. La intolerancia a la lactosa se presenta cuando el organismo no produce suficiente enzima lactasa en el intestino delgado para digerir toda la lactosa consumida.
Existe una relación entre la dosis de lactosa consumida y la respuesta sintomática. En general, dosis de hasta 12 g de lactosa al día no producen síntomas en la mayoría de la población sensible, aunque se ha detectado que hay personas muy sensibles que manifiestan síntomas con dosis de 3-5 g. Dosis de 24 g repartidas en varias raciones no producen efectos adversos importantes. Dosis de 50 g de lactosa al día producen síntomas apreciables en la mayoría de los individuos.
En torno al 80% de la población mundial es intolerante a la lactosa, excepto en la población del norte y centro de Europa, donde esta se presenta entre un 3-5%. En la zona mediterránea se calcula que un 15% de la población tiene algún grado de intolerancia. Esta intolerancia puede presentarse en la infancia o en la etapa adulta.