Los furanos y metilfuranos son compuestos orgánicos que se forman en los alimentos durante el procesamiento térmico.
Dichos compuestos forman parte de la categoría de los contaminantes químicos de proceso, puesto que se desarrollan de modo natural en una variedad de alimentos, como, por ejemplo, el café y los alimentos envasados, tras haber sido sometidos a tratamientos térmicos, incluida la cocción. Una vez formados, los furanos presentan una alta volatilidad debido a su bajo punto de ebullición, que es de 31,4 °C.
La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) en 1995 clasificó los furanos como posiblemente carcinógenos para los humanos (grupo 2B).
En 2017, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estableció un BMDL10 de 0,064 mg/kg peso corporal/día para la ingesta de furanos.